miércoles, 28 de abril de 2010

Disertaciones sobre el prohibicionismo o de cómo sembrar un imperio criminal y hacerlo crecer



Imaginemos un idílico mundo en el que las drogas malditas nunca existieron. Pasemos por alto su valor medicinal y para otros usos prácticos. Imaginemos que las únicas drogas que existen en este hipotético mundo son las que son legales en el nuestro: alcohol, tabaco, café y drogas de farmacia. Como no hay drogas ilegales, no existe narcotráfico. Puritania es un mundo igual que el nuestro: la mayoría bebedores lo hacen con moderación y disfrutan de sus bondades como relajante e inhibidor de inhibiciones, y por tanto como lubricante social. Pero existe un relativamente pequeño índice de la población que es incapaz de controlarse a sí mismo y, a sabiendas de las potenciales consecuencias, paulatinamente va cometiendo con esta droga mayores excesos hasta caer en el vicio. La prensa sensacionalista se afana en escandalizar a las masas, que de hecho devoran dichos escándalos uno a uno, pareciera con gusto morboso. Se vincula al consumo humano de etanol con los principales males del mundo: pobreza, violencia doméstica, delincuencia, enfermedades mentales y en general decadencia moral. Como reacción, algunos movimientos civiles de derecha extrema presionan al gobierno para acabar con este terrible mal. Y así es como en este mundo imaginario surge la Ley Seca, tal cual ocurrió en los Estados Unidos y muchas otras partes del mundo en las primeras décadas del siglo XX de nuestro mundo real.

Imaginemos, entonces, que queda un mes para que entre irrevocablemente en vigor la Ley Seca en Puritania. ¿Qué haría la mayor parte de la población? ¿Qué haría usted, amigo bebedor? ¿Compraría alcohol? No, invertiría en alcohol. Si usted tenía algunos ahorros, con toda seguridad querrá destinar parte de aquello en la adquisición de bebidas alcohólicas. ¿El motivo? Multiplicar su capital por 10 ó 15. Y no menos importante: no tener que pagar una cantidad estratosférica por su licor favorito en el mercado negro en las próximas fechas. Gracias a este hecho, todo el mundo compra antes de la prohibición, y la producción e importación de estas bebidas se exacerba para cubrir la demanda.

Finalmente llega el día de la prohibición.