domingo, 1 de mayo de 2011

Cine en el 2009: una perspectiva retrospectiva



Entretener es una virtud del cine. El entretenimiento es bueno, no hay nada de peyorativo en ello. Sin embargo creo que el cine, como concepto universal, puede y debe ir más allá. O al menos intentarlo. ¿Puede haber “obras de arte” que no entretengan? Por supuesto que sí, al menos en el sentido que podrían no entretener a la mayoría, sino solo a quienes sepan apreciarlas (aunque si no interesa a nadie, entonces se trata de una obra estéril). Pero esto no tendría que perturbar a sus autores, pues estos deben hacer lo que realmente les nazca. 

El verdadero cine tiene que entenderse como un entretenimiento que no se base solo en el espectáculo visual, sino en cuestiones más “profundas” (pongo entre comillas también estos conceptos que no me gusta usar tan a la ligera dada su naturaleza subjetiva, su proclamación vanagloriada, o porque a menudo son fuente de controversia), como podría ser una infinidad de simbolismos evocadores de múltiples significados, transgresiones culturales, epifanías de conciencia, efectos catárticos, sublimación de ideas provocativas, experimentación, transmisión de sensaciones sobrecogedoras, reflexiones o análisis sobre la naturaleza humana, denuncias sociales, sátiras políticas, etc. En una palabra: contenido. Y normalmente este tipo de obras dejan huella en nosotros. Nos cambian, aunque no siempre lo percibamos.


La diferencia con aquellas obras que eluden el arte y apelan al divertimento por encima de él y hasta como fin en sí mismo, es que su intención primera es llegar al mayor público posible. “Primero agradar” sería su lema. No les interesa transmitir nada. Los realizadores que logran cumplir dicha empresa con éxito, se vuelven groseramente ricos. Tal es el caso de Avatar (el propio Cameron ha corroborado en entrevistas que enfocó sus esfuerzos en que la cinta tuviese la mayor cabida dentro de la gran audiencia). La película es, de hecho, poco más que un simple y llano divertimento. Una distracción, vaya. Esto no quiere decir que obras de su tipo no puedan tener cierto arte en ellas (sobre todo en el aspecto de la estética visual) sin embargo, su intención no es en particular otra que atraer al mayor número de espectadores, lo cual de entrada compromete la integridad y honestidad de la misma obra sobremanera. Y sí, Avatar tendrá su mensajito pocahontesco and such, pero a mi parecer aquello no le agrega mérito alguno. De hecho, la única virtud de Avatar (al margen de los cacareados avances a nivel técnico) radica en haber logrado engañar a la crítica (ochenta y tanto en metacritics y Rotten Tomatoes), público (Top250 en IMDB) y hasta al medio de artes cinematográficas (no olvidar que tuvo más de un centenar de nominaciones de premios internacionales, de los cuales se llevó más de cincuenta, tres oscars incluidos). Honestamente no se entiende por qué tanto ruido (credenciales) si hay tan pocas nueces (contenido). La película es el mayor ejemplo de derroche de recursos que he conocido. Avatar más que una película, fue un negocio. Tenía una cuota que cumplir, una responsabilidad con sus inversionistas. Claro que no es ni el primer ni el único caso, decenas de películas lo hacen cada año aunque, honestamente, ninguna con tanto éxito. Pero mi queja hacia esta película no es por su éxito (sería ridículo inconformarse por ello), sino por su falta de riesgo. Y es que en la industria del cine la fórmula normalmente funciona así: las ganancias son inversamente proporcionales a los riesgos tomados. Solo un director verdaderamente humilde y talentoso podría arriesgar tanto dinero y salir avante en taquilla. James Cameron puede ser talentoso, pero tiene de humilde lo que yo tengo de astronauta, y por eso no arriesga ni un centavo. Y no existe integridad que pueda sobrevivir sin humildad (al menos a largo plazo). Por tanto, en la última década y media es frecuente ver a Cameron apuñalando descaradamente sus propios principios. A fin de cuentas siente que puede hacerlo impunemente porque, oye, él es James Cameron. Es el mayor genio entre los directores de Hollywood, pero solo en estricto sentido comercial.


Cerca de un cuarto de millar de millones de dólares para poner algo en pantalla que con el tiempo de todas formas se iba a lograr. Su presupuesto (246 millones, para ser exactos) es equiparable al presupuesto de, por ejemplo, diez de las mejores películas de ese mismo año, juntas: Invictus, The Hangover, District 9, Up in the Air, Zombieland, Un prophete, Celda 211, Sin nombre, Moon y El secreto de sus ojos. Y todavía nos quedan más de 50 millones de dólares, digamos, para los chicles y el refresco. Hubiese sido maravilloso que en lugar de Avatar le hubiesen dado la oportunidad a una decena de proyectos (o más) de realizadores tan talentosos como los que hicieron las películas citadas arriba. ¿La razón de por qué las cosas ocurrieron como ocurrieron? Pues por lo de siempre: la economía. En períodos de recesión, no hay nada más redituable que invertir en un megaproyecto holliwoodense orquestado por el Rey Midas de los éxitos taquilleros: Jaimito Camarón. 1,150 millones de dólares fue lo que recaudaron aquellas 10 películas, multiplicando el costo de su realización por seis, aprox. Sin embargo, Avatar recaudó 2,783 millones de dólares, siendo la película más taquillera de la historia, y multiplicando la inversión por más de 11. Y como 6 < 11, Avatar se realiza. Simples matemáticas. Sin embargo, eso no le quita que casos afines sean un lastre para el prestigio de la industria. Si al menos hubiese valido la pena...

La cara de Landavatar lo dice todo.

Después de la sempiterna introducción, presentaré aquí en dos partes quince películas (con sus respectivas mini-reviews) del 2009 que he visto, todas y cada una ampliamente superiores a Avatar. Intentaré advertir antes de cada spoiler. Helas aquí:



Inglorius Basterds

Presupuesto: 70 Millones de dólares
Ingresos brutos:  $320,351,773

Algunos afirman que Quentin Tarantino hace películas que son "puro entretenimiento" aludido como insustancial, más que obras de arte "serias". Dicen que Bastardos sin gloria no es la excepción. ¡Ay de ellos!

Al margen del resto de las películas de Tarantino, decir que esta tiene que ofrecer mucho más de lo que se ve a simple vista.

Aquí se nos presentan una película con dos estructuras narrativas distintas, intercaladas, enlazadas solamente por los personajes y la trama. Una es la de los tensos y suculentos diálogos, casi siempre alrededor de una mesa (en una cocina casera, en un café, en un bar). La otra es en la que se gesta la planeación de una Venganza Final (en contraposición a la Solución Final, terminación del problema judío) en torno al meollo de la trama, que no es otra cosa sino la satirización del cine histórico, particularmente el de la Segunda Guerra Mundial.

El director juega al Mago de Oz, juega con nuestra mente, con una sutileza (aparente) tal, que muchos de nosotros jamás nos percatamos. De ahí su mordaz crítica hacia aquel tipo de cine, furtivamente propagandístico: manipula nuestras emociones contra “el enemigo". Pero Tarantino lo hace con cierta intención. Trata de hacernos ver que en realidad estamos acostumbrados a que se nos manipule en pantalla, pues nos suelen presentar, por ejemplo, escenas de héroes americanos asesinando valientemente a los malvados nazis. Y los espectadores lo disfrutamos. Nos regocijamos con la muerte (a fin de cuentas son malos y seguro se merecían su destino). Tarantino lo hace a propósito en forma exagerada, como quien amplifica una imagen con un microscopio, en teoría provocando que nos demos cuenta, que espabilemos, que nos asustemos de nosotros mismos, que nos comparemos con el propio Hitler cuando disfruta ver en pantalla a los héroes alemanes asesinando valientemente a los malvados yanquis. ¿Hasta qué punto hemos vivido dentro de la propaganda, asimilándola toda o buena parte de ella? Vemos acribillada a una multitud dentro de aquella sala (atrapados, cuales judíos en cámaras de gas), perforados por las balas, calcinados por el fuego, ¡y nos da gusto! Sentimos que eso está bien porque son nazis, los malos de la Historia. Deseamos que realmente así se hubiesen dado los acontecimientos y esa noche nos vamos a la cama tan tranquilos, sin inmutarnos por haber ido al cine a ver morir gente dentro de un cine.

De alguna forma así se prueba que realmente los valores occidentales modernos no son tan distintos de aquellos a quien condena, pues ante todo el fin nos justificó los medios, entendiéndose “medios” como “intereses nacionales”. ¿O acaso negaremos nuestro beneplácito personal respecto a que los Los Aliados pactaran en secreto con un traidor (Landa) a fin de consumar un acto terrorista (bomba en un lugar público)?

Y es que solemos confundir (ya que casi siempre se nos vende así) las escenas de films "históricos" mostradas en pantalla, con los hechos de la Historia real. El Coronel Landa hace un comentario sumamente atinado al afirmar: "solo hace falta leer los libros de historia" (ver el contexto en el que hace este comentario resulta aún mucho más interesante).

Las carcajadas finales de Shoshana nos revelan la cara del "mago" tras el telón, aun cuando ella misma había sucumbido ya ante los efectos de la "magia" –del cine– (confundiendo al soldado Zoller con su alter ego histriónico, mimetizándose así con la audiencia, y muriendo en el acto). Tarantino destruye aquel cine, mata al mago y nos cambia la historia. No podría ser más brillante.






Coraline
Presupuesto: 60 Millones de dólares
Ingresos brutos: $124,596,398

La lúgubre e inquietante historia en stop-motion, Coraline, basada en la novela corta de fantasía/horror homónima ganadora de los premios Hugo, Nebula, Locus y Bram Stoker; del escritor Neil Gaiman, al combinarse con la bizarra sensibilidad de Henry Selick, logra el justo equilibrio entre excéntrico humor y perturbadora imaginación.

De estética visual tan exquisita como pesadillezca, la semilla del misterio no se hace esperar, y pronto se siembra en la trama a varios niveles. Y dicha trama versa sobre lo que está al revés, cuando nos percatamos que existe más de una forma de ver una misma cosa y solo hace falta cambiar el ángulo. Estas inversiones conceptuales están plenamente vinculadas al nombre de la protagonista. Porque en Coraline, el nombre sí importa.

Y así, en una versión muy libre y soberana de Alicie in Wonderland, acaso influenciada por el Viaje de Chihiro (padres inmersos en una realidad tan "madura" que se pierden en ella; la importancia de jamás olvidar tu nombre; ayudar desinteresadamente al necesitado, etc), nos transportamos mediante un vórtice a un mundo distinto: tan imposible y fascinante como tétrico. ¿Pero, y si ese mundo extraño se acoplara más a nosotros mismos que el propio mundo real? ¿Y si en ese mundo extraño las personas nos llamaran por nuestro verdadero nombre, en lugar de por el que la gente suele creer que es nuestro nombre? Las respuestas poco a poco se irán desvelando. Como diría un personaje de una de las películas de más arriba: "Si algo suena demasiado bueno para ser verdad, no es".

Para finalizar, decir que Coraline demuestra ser, con permiso de Pixar, una de esas raras películas familiares que no pretende verle la cara a su público, refugiándose desvergonzadamente en las bajas expectativas que el cine infantil suele generar; Coraline es, lo contrario (¿se capta?).







The Hangover
Presupuesto: 35 Millones de dólares
Ingresos brutos: $467,483,912

Una de las películas que más me han hecho reir en mi vida. También es una extraordinaria 'road movie' cuyos no-tan-conocidos actores logran una sincera dinámica de tosca pero leal amistad y crecimiento personal a través de sus desquiciadas andanzas en pos de recuperar a un compañero extraviado... y descubrir qué diablos hicieron la noche anterior.

Es curioso que la película con menos "contenido artístico" (por decirlo de alguna forma) de las aquí presentadas haya sido también una de las más redituables en cuanto a relación presupuesto-ingresos, incluso más que Avatar, pues recaudó el 1,335% de lo que gastó. Las diferencias con la de los pitufos anabolizados (alias Thundercats azules) son que 1.- no se toma tan enserio a sí misma, lo cual para el caso es algo MUY positivo (no es tan larga y pesada, no se anuncia presuntuosamente a bombo y platillo, no trata dar lecciones de moral, etc); 2.- no hubo un derroche de presupuesto tan obsceno; y 3.- decide correr por lo menos un mínimo de riesgos pero sin plagiar la totalidad argumental de otra obra.

Mención especial merece el brillante Galifianakis, cuyo molesto y mentalmente desequilibrado personaje esculpe las escenas más memorables del film.







Up in the Air
Presupuesto 25 Millones de dólares
Ingresos brutos: $163,227,071

La historia de Ryan Bingham (Clooney) no es la de un workaholic, pues el personaje disfruta de placeres más allá de su trabajo (de hecho ama su vida). Tampoco es la de un de un ermitaño, ya que vive rodeado de gente y constantemente se relaciona con ella (aunque de manera algo superficial). Su historia es mucho más compleja. Se trata del apego a una forma de vida en la que todo está en constante movimiento, siempre cambiando. Y Ryan ha encontrado su hogar en ese continuo devenir.

“Las relaciones humanas son los componentes más pesados del la vida [...] y mientras más lento nos movemos, más rápido morimos", comparte Ryan con el público en sus famosas conferencias. La trama apela directamente al claroscuro que es la soledad, hija legítima de la individualidad, hermana de la independencia, de la autosuficiencia, de la privacidad; madre del aislamiento, compañera de la paz y la tranquilidad.

Esta suerte de ángel de la muerte laboral es todo pragmatismo. “Creo en los estereotipos, es más rápido”, dice cínicamente. Lo que ocurre es que él es rápido. Su propósito es ser una de las personas con más kilometraje recorrido, y asegura que “No hay nada degradante en la lealtad”. Esa lealtad (hacia sí mismo) es parte de su ligerísimo equipaje, y fuera de dicho equipaje solo hay fugacidad.


La pesada Natalie (Kendrick) es el contraste. Tiene esperanzas, y sus ambiciones personales no son egoístas, sino que van de ayudar a los demás, hacerles la vida más fácil (o menos pesada/tormentosa). Para ella, vivir en continuo cambio es puro sufrimiento. Necesita no una sino muchas cosas a las qué asirse. 

La segunda parte de la película se vuelve un tanto “condescendiente” (curiosamente de lo que acusan varios personajes al propio Ryan) con las masas, esas que esperaban ver otra comedia romántica del montón. Afortunadamente el final lo redime (casi) todo.

En la conclusión, el protagonista sigue sintiéndose en el aire, en cierta forma más allá de todo y de todos, en la cima del mundo, o mejor dicho: “en el ala de su avión”. Pero también sabe que ya no es del todo el mismo, ha anhelado algo que jamás podrá tener, ha elegido su camino (nuevamente, pero ahora con cierta resignación). Un renacimiento más honesto, pues ahora es consciente a lo que está renunciando, que no es poco, en pos de una vida distinta, mejor en algunos aspectos y peor en otros, pues también sería una pérdida renunciar a ella.





El secreto de sus ojos
Presupuesto: 2 Millones de dólares aprox. (1.5 Millones de euros)  
Ingresos brutos:  $33,788,614

Un clásico latinoamericano abre la década, Amores perros (2000), y otro clásico la cierra, El secreto de sus ojos (2009). Sin embargo, son sumamente distintas. La primera es un drama urbano, incluso algo callejero, sobre el conjunto de pérdidas que dan como resultado la vida misma. Ésta otra, por el contrario, no trata sobre sobre lo perdido sino sobre lo postergado, lo que nos hace falta, lo que en realidad nunca tuvimos (aunque siempre quisimos, e incluso pudimos tener... si tan solo nos hubiésemos atrevido), que también son cosas que trascienden, incluso a veces más que aquellas que sí tuvimos.

Pinceladas aparte de encantador y soez humor argentino, la película es un estudio de lo que no podemos cambiar de nosotros mismos, de la perpetuidad de las pasiones. Citando a un personaje de la película: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar... No puede cambiar de pasión.” Y son precisamente los ojos los que esconden las pasiones. Por eso en este film importan tanto las miradas.

Es difícil encasillarla en un solo género, pues es una bien integrada mezcla de drama, romance, thriller policíaco, misterio y hasta un poco de film-noir. Gracias a su excelente diseño de producción, es también una vista retrospectiva de Buenos Aires y su evolución estructural en el último cuarto del siglo XX. Hacen falta más películas así en este subcontinente.




Próximamente las otras diez.

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